Algo que escribí antes de emigrar

Revisando archivos viejos luego de que migré a Linux Mint, conseguí algo que escribí unos 3 días antes de emigrar, recuerdo haberme sentado en mi escritorio, aún sin poder creer que me iba de casa, que me iba de mi país, sintiéndome muy impotente de toda la situación que me había obligado a tomar esa decisión, como he dicho varias veces, a nadie le gusta estar lejos de sus seres queridos. Recuerdo que encendí la computadora, inicié vim y simplemente empecé a escribir, quiero compartir acá con ustedes lo que escribí esa noche antes de acostarme a dormir con la ansiedad del viaje que me esperaba.

Esto fue lo que escribí

La verdad, es que me describo como una persona poco emotiva, quizás un poco seca y poco sentimental. Varios de mis amigos se han ido, familiares, incluso, están haciendo vida ya fuera del país que lo tiene todo y al mismo tiempo no tiene nada y, en sus respectivas despedidas, estuve siempre tranquilo.

Todo cambia cuando el protagonista de la despedida es uno, me jacto de siempre hacer valer la lógica por encima de los sentimientos al mejor estilo vulcano pero, ante ciertas situaciones, no hay manera de evitar que el lado humano aflore, ni Spock está excento de sucumbir ante sus emociones de vez en cuando.

Mientras preparo las maletas, pongo a punto mi bolso de mano con todos los documentos que voy a necesitar durante el viaje de casi 24 horas, no puedo evitar, en mi cuarto, ver todos los adornos, cosas que me han regalado y, en mi mente, revivir esas anécdotas, ex-novias que me han dado cosas que aún conservo, buenos amigos que me han obsequiado otras y, lo más importante, las cosas que me ha dado mi prometida que siempre mantengo a la vista. Historias detrás de los objetos que permanecen en las repisas de mi habitación, inertes, testigos de cómo voy tomando algunas que quiero llevarme y metiéndolas en mi bolso mientras, otras, permanecerán allí, inmóviles, agarrando polvo esperando que nos veamos de nuevo algún día.

Hablar del tema con mi familia, me afecta un poco, quizás bastante. Me voy a un lugar “no-tan-cercano”, donde hay que tomar como mínimo dos aviones para poder llegar finalmente al destino, donde el pasaje es muy costoso como para darse el lujo de “ir de vez en cuando a visitar” y más aún con la situación actual de mi país. Veo a mi abuela con los ojos aguados, tratando de no llorar, mi tía de crianza, Carmen Carrillo, también conteniendo las lágrimas y deseándome buen viaje. Mi mamá, mi papá y mi prometida, tratando de aprovechar al máximo estos últimos días juntos, días en los que decidí poner de lado mis proyectos para dedicarme a estar con mi familia y terminar ciertas diligencias para el viaje. Días en los que me doy cuenta de los obstáculos y las trabas que ha colocado el gobierno para restringir aún más la salida de venezolanos a otras tierras, aún cuando sea sólo por placer, salir de Venezuela es un privilegio y un lujo que sólo algunos pueden darse mientras vemos a los familiares de quienes hoy detentan el poder conociendo todo el mundo y gozando de tantas comodidades que parece absurdo, no puede haber otra reacción más que incrementar mi alivio por salir y mi repulsión hacia quienes han causado tanto daño.

Mi nombre es Israel Fermín Montilla, tengo, a la fecha, 27 años de edad, VENEZOLANO de nacimiento y de corazón y para el momento de escribir esto, faltan 3 días para irme del país, en búsqueda de un mejor futuro para mi, para mi prometida, que en diciembre será mi esposa, y para los hijos que planeamos tener, los nietos que queremos darle a nuestros padres. Lamentablemente, en la Venezuela actual hay pocas oportunidades de desarrollo, la posibilidad de independizarse, salir de la casa de los padres y tener uno su propia vivienda es casi, por no decir, totalmente, nula. He visto a mis amigos partir, quienes me conocen saben que he luchado hasta donde he podido, pero me apena confesar que me venció el cansancio, ¿qué pensaría mi abuelo hoy de mi?.

En 3 días estaré viajando a un lugar donde seré un completo extraño, perdóname Venezuela, por dejarme vencer por el fantasma del cansancio y dejar de nadar contra la corriente para llegar a rescatarte, espero que todo mejore pronto y se que cuando decida volver, me recibirás con los brazos abiertos como buena madre.

Familia, amigos, compañeros, conocidos… Hasta siempre!!

-- Israel.